miércoles, 18 de abril de 2018

Feria del Libro de Cáceres 2018

Feria del Libro Cáceres 2018
Estoy muy contenta con mi participación en la Feria del Libro de Cáceres este año. La presentación de El bombo de Tomás será el sábado 28 de abril a las 12.00 en la carpa de Cánovas. Me acompañarán Pilar López Ávila y Deli Cornejo.

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lunes, 5 de marzo de 2018

La revista Culturamas ha publicado un relato mío, que mezcla aventura y divertimento. Se titula Yo soy su hombre, y forma parte de los escogidos Relatos de Culturamas.
Para mí es muy importante que se lea, se difunda, se critique. Gracias.

Yo soy su hombre, de Montaña Campón


jueves, 22 de febrero de 2018

Trece, promoción en Amazon, durante 3 días GRATIS. Enlaza aquí.

Trece, de Montaña Campón

https://www.facebook.com/montana.campon/videos/1616782115076679/?t=21

jueves, 8 de febrero de 2018

Sombras de prosperidad

Para negarme a la mina un relato minero.



«El viejo minero agarró su carburo y se ató el pañuelo a la cabeza. Su esposa permanecía clavada junto al fogón. El olor a achicoria impregnaba de amargura los besos de despedida. Reconocía en su pelo blanco sus propias canas, en su figura enjuta su misma estampa vencida por la edad,  en su boca sin dientes la falta irremisible de los suyos. “Vaya con cuidado”, suplicó ella acercándole el pico. Las mismas palabras que pronunciaba cada mañana desde hacía cuarenta años. “Descuide, mujer” –le contestó él sin convicción. Entreabrió la puerta de la casa levantada con sus manos, las cuadrillas de obreros jóvenes recorrían con energía los últimos metros antes de adentrarse en el pozo. La sirena apremiaba, el cambio de turno era inminente. Un golpe, dos golpes, tres... El anciano aguardó el sacudir monótono de las mazas sobre la roca. Arrastró los pies hasta alcanzar la embocadura y se asomó a la caldera: la jaula subía vacía. Echó los cierres con determinación y encendió el carburo. Dos golpes metálicos, pero la jaula no se movió. Repitió la operación, y la jaula no respondió al código aprehendido. Entrevió aproximarse la silueta del encargado. Le llamó por su nombre. El anciano apagó el carburo y descorrió los cierres:
        -¿Qué diablos hace aquí? Ya sabe lo que ordenó el ingeniero tras el accidente de ayer: este obrero no sirve más. Debe retirarse, ceder el puesto a otro que valga.
        Algunos trabajadores rezagados se arremolinaron en torno al viejo y al capataz. Otros muchos asomaron sus cabezas desde las galerías. El soniquete de hierro y piedra cesó. El anciano se resistió a salir del montacargas:
        -Yo no puedo retirarme, ¡no tengo de qué otra labor comer! Sé que me he vuelto viejo, que cuando resbalé ahí abajo casi me rompo la crisma, que ningún otro peón quiere trabajar conmigo, que a mis años soy un peligro para todos, pero no puedo marcharme así, debo continuar hasta el final –se le deslizó el pañuelo y descubrió una grave contusión en la frente.
        -Señor Valentín, -el encargado se ablandó ante el que había sido su maestro-. Con esta actitud me pone usted en un aprieto con la empresa, y  tengo dos criaturas que alimentar y otra que viene de camino. No puede hacerme esto, hombre, debe avenirse a razones.
        Los mineros, expectantes, sostuvieron la respiración. Intuían que al final de sus días les aguardaría idéntica situación de desamparo. Tras unos segundos de reflexión, el viejo Valentín despejó del elevador. El capataz le palmeó compasivo la espalda. Los demás feligreses le cedieron el paso con respeto. La figura encorvada, el carburo y el pico, salieron a cielo abierto. La cuadrilla ocupó la jaula y descendió a su sección. El capataz ojeaba las indicaciones del ingeniero plasmadas en su libreta cuando observó que el viejo regresaba.
        -Vengo a entregar el pico, no es mío, es de la empresa –argumentó con fatiga.
        -No se hubiera preocupado, Valentín, hubiera mandado a uno de los chicos a su casa…
        -Mi obligación es devolverlo –los ojos le brillaban profundamente.
        -Está bien, lo puede poner ahí, con el resto de las herramientas. Luego lo entregaré en su nombre, para que no se lo reclamen.
        El hombre asintió con apariencia sumisa. Alguien reclamó al capataz en la sala de máquinas. El tiempo justo de descuido para que el viejo se asomase al brocal, arrojase el pico al vacío y se arrojase tras de él.»


domingo, 14 de enero de 2018

El primo



Un poco de surrealismo para empezar la semana.

El primo
Era un hacendado muy apegado a su mamá. Tanto que, cuando ella se marchaba al otro barrio, la agarró de la mano para darle fuerza y ya nunca más la soltó. Encargó un ataúd especial con un agujerito, para la mano muerta, y enterraron a la doña poco profunda, para comodidad de él. Leía el diario cada mañana, mojándose los dedos de la mano libre para pasar las hojas. Luego, si se terciaba, recibía visitas allí mismo, en el camposanto. Ya en la tarde bebía licor. Si llovía, un criado le sostenía un paraguas. Si calentaba el sol, pedía sombrero. Con el paso de los años, los diarios principiaron a contar las mismas nuevas; las visitas, a tener las mismas réplicas; el licor, el mismo amargor. Llegó entonces a cumplirle una prima lejana, tan lejana, que casi no era prima siquiera. Joven, generosa, las manos sonrosadas. Empezó a dolerle el brazo que sostenía la mano muerta de su mamá, del lado del corazón que estaba. Y le pesaba el sol, y la lluvia, y el criado envejecido. Quería hablar con la prima, caminar con la prima, tomar por esposa a la prima... Si la prima consintiera. Llamó a voces al criado, que le trajera un hachero. El golpe fue mortal de necesidad. Con la mitad del cuerpo quebrado salió a buscar a la muchacha. Vivieron felices los días de agonía, hasta que él, tendido en la cama, desangrado y macilento, le alargó la mano para pasar juntos el trance del más allá. Ella no se la negó, es más, le acercó con júbilo su mejor pluma. 

Montaña Campón 

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lunes, 25 de diciembre de 2017

Con el haghtag #EstaNavidadRegalaAutoras la escritora de fantasía y ficción María del Mar González Gómez empezaba una iniciativa para visibilizar a la mujer en la literatura que se regala durante estos días de fiesta. Y, ya de paso, durante todo el año. Es una realidad que se compra más literatura de autor, que el hombre se impone en los premios, en los canales de venta, en las tertulias, en las invitaciones a eventos, en definitiva, en los números de ejemplares vendidos y leídos. Eso cambiará, y esta iniciativa tan pacífica y elegante, nos ayuda a comprometernos con nosotras, con las lectoras y con las editoras. Yo he recomendado algunas literatas maravillosas a través del Twitter, vía que no uso mucho, y he adquirido No soy un monstruo, de Carme Chaparro, con toda la ilusión de hacer algo por nosotras, las autoras.
Os dejo el vídeo que grabé para hablar un poco de Trece, mi libro de relatos.
Un abrazo.

martes, 21 de noviembre de 2017

La madreperla


Con su primera falta el marido posó alrededor de su cuello un collar de perlas
japonesas, los presentes brindaron por su fortuna, pero a ella se le formó una náusea en el
balcón del estómago. Después, por cada niña que paría, él retiraba un par de piezas de su
garganta, para engarzar unos pendientes, decía. Y así alumbró una, dos, tres... ¡hasta siete! Sin
aliento, con los ojos fuera de órbita, a punto de perecer de angustia, parió niño. Él cortó el
cordón, acurrucó al pequeño en el regazo de ella y desgarró el collar. Las perlas liberadas se
deslizaron por su pecho. Para perderse en tiernas oquedades.

Resultado de imagen de camafeo de madreperlaMontaña Campón

Feria del Libro de Cáceres 2018